El trabajo para Luigi Bosca se planteó desde la actualización, refinamiento y racionalización de los rasgos de identidad de la Bodega y de sus productos. Con 110 años de historia, la acumulación de transformaciones distorsionó la calidad perceptiva de la marca. La diferencia entre valor de marca, productos y comunicación visual es hoy muy compleja; así como la diferencia entre calidad, creatividad, marketing, management y estrategia ha dejado de existir. Hoy las marcas son experiencias dinámicas y multisensoriales.
En el diseño de la identidad de la Bodega Luigi Bosca confluyen el equilibrio de la forma, la variedad cromática, las elecciones tipográficas, el diálogo de las texturas. Pero la síntesis de estos aspectos obedece a un solo criterio: la representación de la esencia, del acontecimiento único que es el contenido de cada botella que la Familia Arizu produce. Hoy, más que nunca, el vino es más que vino: es una proclama de individualidad, un gesto que nos define, una experiencia personal. Y la botella es parte esencial de esa experiencia.
El carácter de Luigi Bosca tiene que ver con su vino y también con su presencia. Esa presencia se construye de este lado de la botella.
El diseño ofrece la oportunidad única de enriquecer la vivencia del vino. Mucho del éxito de ventas de la industria del vino depende de valores intangibles que emanan de la botella. Frente a frente, botella y cliente, se enfrentan en la batalla final. Una batalla en la que convergen todos los esfuerzos de publicidad, prensa, marketing, referencias y recomendaciones. Es el momento de la verdad.